Domingo,20 mayo, 2012

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Aborto: Asunto de Amor o Vacío y de Vida o Muerte

La Ética de Vivir en Gratitud

Una práctica cotidiana que conjura la violencia, nos permite construir una convivencia más equitativa y sustentable, cuidar la ecología del planeta,
reconciliarnos con los que nos antecedieron y su legado, poner fin a la historia de guerras fraticidas, y asegurar la paz.

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Aborto: Asunto de Amor o Vacío y de Vida o Muerte

Una mirada sistémico fenomenológica que emerge de la experiencia de trabajo con ‘Constelaciones Familiares’, según Bert Hellinger

Hay quienes ante la experiencia de la vida y de los vínculos con otras personas que nos permiten vivir y ser razonamos que no es que nuestro cuerpo posea un ‘alma’ personal inmortal sino que somos parte de un alma: primero del ‘alma’ de nuestra familia de origen y luego del ‘alma’ de la familia que formamos y se consolida cuando al consumar el amor, a través del acto sexual, procreamos.

El alma no es algo creado e infundido en nuestro cuerpo o dispuesto para él por Dios sino que da cuenta, en el lenguaje, de los múltiples y muy complejos efectos y consecuencias (inconmensurables) en nosotros y en otros de actos que nos relacionan, del fenómeno esencial de que todos los seres humanos hemos sido creados por un padre y una madre biológicos y nos hallamos  formando parte de un sistema mayor que actúa en nosotros aunque no lo entendamos y sin el cual no podemos ser o existir.

Algunos tratan su orden como si no fuera más que una opinión, sujeta al cambio y a la conveniencia de cada cual.  Sin embargo para que el amor prospere en nuestra alma es preciso un orden en nuestras relaciones. Por ejemplo: nuestra salud mental y nuestra felicidad dependen antes que ningún otro factor de que aceptemos a nuestra madre y a nuestro padre tal cual estos son, o han sido o dónde quiera hayan estado mientras crecíamos, sin reproches, sin juicios, con amor.

Ningún otro acto humano implica tan profundas consecuencias ni tantos RIESGOS, arrancándonos lo último y otorgándonos conocimiento, sabiduría, humanidad y GRANDEZA, ningún acto más que cuando un hombre toma con amor y reconoce a una mujer y la mujer toma con amor y reconoce a un hombre. Frente a eso, cualquier otro acto humano parece ser sólo una preparación y ayuda, o una consecuencia, tal vez una añadidura, incluso un sustituto y una carencia.

Lo especial, y en sentido profundo lo indisoluble de un vínculo entre hombre y mujer, nace de la consumación de su amor. Sólo ello hace del hombre y de la mujer una pareja, y sólo ello los transforma en padres. Amor espiritual o reconocimiento público de su relación no son suficientes para ello.

En la consumación del amor se ve la superioridad de la carne sobre el espíritu, y se muestra su veracidad y su GRANDEZA.

Si esa consumación es perjudicada, porque deciden abortar el embarazo, la pareja debiera asumir su responsabilidad con todas sus consecuencias.

Abortar el embarazo es un acto que afecta al no nato, al HIJO por nacer que un hombre y una mujer han concebido, en un acto que no puede sino traer profundas consecuencias y necesariamente debe ser asumido con seriedad y responsabilidad por los seres humanos que se consideran dignos de ser considerados por sus semejantes como tales.

El aborto no hace que algo que se hizo quede como que jamás sucedió -eso no existe. La paternidad y la maternidad no pueden ser deshechos. Siguen siendo. Y aun si el embarazo es el resultado de una violación.

Lo primero es que los padres miren al hijo a los ojos o, más exactamente, permitan que él los mire. Ahí ocurre algo muy profundo, algo sanador. De pronto sienten que la vida es algo tan grande y profundo, y que nosotros no podemos intervenir como mejor nos plazca. Entonces de ese mirar y permitir ser mirados surge algo sanador y una gran seriedad.

Hay algo más a tener en cuenta en este contexto y recién después de hacerlo podemos respetar la vida en toda su plenitud.

La muerte es más grande que la vida. El reino de los muertos es el reino más grande y el que permanece. La vida es algo transitorio, algo que emerge y vuelve a hundirse.

Eso de lo cual emerge la vida, eso es lo grande. Y aquello en el que la vida vuelve a hundirse y sumergirse, eso es lo grande. Los hijos abortados no están perdidos, están cobijados en eso más grande.

También aquellos que murieron temprano no han perdido nada, como si aquellos que viven durante mucho tiempo tuvieran alguna ventaja frente a aquellos que sólo vivieron durante poco tiempo. Porque aquellos que vivieron durante mucho tiempo también vuelven a sumergirse en ese origen primario, al igual que aquellos que sólo vivieron durante poco tiempo.

¿Es acaso posible imaginar que allí existan diferencias entre unos y otros? Todo está guardado allí y nada se pierde.

De ahí, lo esencial es si el aborto se hace con plena consciencia  sobre lo que exige.

Y por lo tanto a quien aborta debiéramos exigirle, como sociedad, que lo haga con reverencia y con el duelo debido por el dolor de la pérdida de un ser que es tan parte del alma de nuestra familia como cualquier otro de nuestra familia. Con el duelo más solemne, tan solemne como ante la muerte de otro ser humano miembro de la familia y de nuestra nación (quizás con mayor solemnidad ya que le damos muerte como sociedad a un ser indefenso e inocente).

Con la plena conciencia de lo que al hijo se le exige. Y con toda la culpa que el acto de darle muerte entraña.

Entonces la decisión provoca un profundo sufrimiento. Este tipo de aborto tiene una cualidad muy diferente a uno frívolo. Afecta a los padres que tomaron la decisión de interrumpir el embarazo durante mucho tiempo, pero también encierra la posibilidad de acercarlos el uno al otro y de profundizar su amor.

Al hijo que esta por nacer como resultado de una relación entre dos seres humanos responsables de sus actos y dignos de ser considerados como tales no se le puede excluir de su sistema familiar sin que ello traiga consecuencias graves para los demás miembros de la familia.

Esto porque excluyéndolo hago como si él fuera nada pero la verdad es que empujó su ser a fundirse al No-Ser. Al excluirlo he trasgredido una de las leyes fundamentales del amor, porque lo niego y no lo veo como a un ser con toda su dignidad como quizás me veo a mi mismo y a la persona con la que lo he concebido.

La exclusión sólo se explica por un acto de soberbia, por un juicio sobre el otro que se opone al amor, a la aceptación del otro como legitimo otro en la convivencia.

Si yo juzgo al otro como mejor o peor yo determino en mi corazón quién puede ser amado y quién no, quién es digno de ser tratado como persona y quién no y, en ultima instancia también, quién tiene permiso para vivir y quién no.

Aquél que emite un juicio sobre otro debe TEMER que otros también emitan un juicio sobre él. No es importante si ese juicio está justificado o no, porque en definitiva, todo juicio es injusto y SOBERBIO. Se eleva por encima de la vida y el destino de los demás, como si la propia vida y el propio destino fueran distintos y más humanos que los de los otros.

También podríamos decir: como si los que emiten un juicio estuviesen más cercanos a Dios, y fuesen más de su agrado, y como si nosotros pudiéramos decidir y juzgar, casi como en su nombre, sobre la vida y el destino de otros, como si estuviéramos ocupando el lugar de Dios.

En cambio, ¿qué pasa en mi si amo a las personas y a los seres vivos tal cual son, si me alegro porque son como son, si me reconozco igual a ellas y amo a cada una en su singularidad, sin desear que sea distinta de lo que es?

¿Y si amo inclusive SU DESTINO tal como es, aun sin comprenderlo, aun cuando signifique para mí un DESAFIÓ y también me LÍMITE, y me imponga una CARGA?

Su destino no es distinto al mío si comprendo que su destino y mi destino son ineludibles.

Entonces cuando veo a la otra persona también me veo a mí; entregados y sometidos a fuerzas mayores, a las que tanto ella como yo nos sometemos en la misma medida, NO TIENE SENTIDO ALGUNO medir las alegrías y los sufrimientos que nos permiten y que nos exigen. Asintiendo a estas fuerzas surge el verdadero amor, orientado a todos en la misma medida por saber que no hay mejores o peores, ni más grandes ni más pequeños, sino iguales y semejantes ante algo más grande.

El vació es lo único que  queda si me niego o no soy capaz de tener la fortaleza de asumir las consecuencias de mis actos y tomar el don de la vida que he procreado como consecuencia de haberme  relacionado sexualmente con otro.

La depresión es el triste destino de quienes no son capaces de equilibrar lo mucho que reciben o han recibido de sus propios progenitores con lo poco que están dispuestos a dar cuando a ellos les toca dar.

La depresión es un sustituto para el tomar, el dar y el agradecer. Nos inmoviliza y nos vacía. Nos mantiene, después de una separación, en un duelo sin terminar, cuando aún nos sentimos en deuda en el dar y tomar, frente a los que hemos separado o se han separado de nosotros.

También nos deprimimos o nos enfademos si nos sentimos presos de nuestra culpa y sus consecuencias.

Estoy enfadado con alguien porque le he hecho algo de daño y no lo quiero admitir. Con esta rabia me protejo de los efectos de la culpa. Los proyecto sobre el otro. Esta rabia también es un sustituto para la acción. Me paraliza y me debilita.

Es eso lo que  encontramos en la parálisis y debilidad extrema en la que quedan quienes deciden abortar el embarazo y dar muerte a un hijo por nacer.

¿No seria más serio debatir sobre qué políticas públicas se requieren para disminuir sustancialmente  ‘el mal social del aborto’ y por lo tanto cómo prevenir embarazos entre personas inmaduras y cómo asegurar el derecho a una vida digna y a una educación de calidad a todo aquel que emerge del acto de consumación del amor entre un hombre y una mujer (maduros o inmaduros), independiente de su condición al nacer (como por lo demás declara que es obligación del Estado nuestra Constitución)?

Órdenes del amor entre padres e hijos y dentro del clan

Bert Hellinger

Orden y amor

El amor rellena el envase del orden.
El amor es agua, el orden la vasija.

El orden recoge, el amor fluye.
Orden y amor actúan en acorde.

Así como en un canto las notas se adecuan a las armonías,
El amor se amolda al orden.
Así como el oído resiste a las disonancias, aunque
Se las expliquemos,
A nuestra alma le cuesta el amor sin el orden.

Algunos tratan el orden como si no fuera más que una opinión,
Sujeta al cambio y a la conveniencia de cada cual.

Sin embargo, el orden nos es predeterminado.
Actúa, aunque no lo entendamos.
No lo creamos sino que lo hallamos.
Lo percibimos, tal como el sentido y el alma,
Por sus efectos.

Los diferentes órdenes

De los efectos, pues, deducimos los órdenes del amor y de los efectos deducimos las leyes que hacen que en el amor iremos ganando o perdiendo. Así es como se ve que relaciones de la misma índole obedecen a los mismos órdenes, por ejemplo la relación de pareja. Y que relaciones de otra índole obedecen a otros órdenes. Por lo tanto, los órdenes del amor difieren entre hijos y padres y las demás relaciones dentro del clan. Son de una forma particular en la relación de pareja y de otra forma diferente en la relación de la pareja con sus hijos. Y son distintas también entre nosotros mismos y ese todo que nos abarca y que evidenciamos a nivel religioso o espiritual.

Padres e hijos

El primer orden del amor entre padres e hijos es que los padres dan y los hijos toman. Los padres dan lo que ellos mismos han tomado anteriormente de sus padres y lo que en la actualidad, toman de su pareja. Los hijos toman en primer lugar a sus padres como padres y en segundo lugar toman todo lo que, además,  los padres les puedan dar. A cambio, los hijos dan más tarde lo que han recibido de sus padres a otros,  particularmente a sus propios hijos.

Aquel que da tiene el permiso de dar porque antes ha tomado y aquel que toma tiene el permiso de tomar porque más tarde dará. El que llegó primero debe dar más, porque ha tomado más. El que llegó después debe tomar más aún. Luego, cuando haya tomado lo suficiente, le tocará dar al que llega después de él. Y de esta forma todos, los que dan y los que toman, se integran al mismo orden y siguen la misma ley.

Este orden es válido también para el dar y el tomar entre los hermanos.  El que estaba primero tiene que dar al que vino después y el que llegó después debe tomar del mayor. El que da, ha tomado anteriormente y el que toma, deberá dar en el futuro. Por lo tanto, el primer hijo da a los siguientes, el segundo toma del mayor y da a los que le siguen y el más joven toma de los mayores. El hijo primero da más y el hijo menor toma más, por lo que cuida a menudo de los padres en su vejez.

Conrad Ferdinand Meyer describe de manera gráfica este movimiento de arriba hacia abajo en un poema:

La fuente romana

Asciende el chorro y al caer, riega por completo
El cuenco marmolado de la fuente,
Que a su vez, envuelto en aguas, desborda
Y fluye hacia un segundo cuenco;
Éste prodiga, de tan hinchado, al tercer cuenco
Su marea y cada cual a la vez toma y ofrece,
Vierte y descansa.

Honrar

El segundo orden del amor entre padres e hijos y entre hermanos consiste en que aquel que toma debe dar la honra al que le ha dado y a lo que ha recibido.

Aquel que toma de esta forma, alza hacia la luz lo que ha recibido hasta que ese resplandor  ilumine al que ha dado, aunque luego siga fluyendo hacia más abajo, como la fuente romana cuyo cuenco inferior,  bañado en aguas, espeja el cuenco superior y más allá, el cielo.

El tercer orden del amor en la familia es el orden de precedencia, similar al dar y al tomar de arriba hacia abajo, del anterior al posterior. Por consiguiente, los padres tienen la precedencia sobre los hijos y el hijo mayor sobre sus hermanos. El  río del dar y del tomar, aguas abajo, así como el paso del tiempo entre antes y después no pueden ser detenidos, ni dar vuelta atrás, ni cambiar de rumbo, ni invertir su impulso. Por tanto, los niños se encuentran siempre por debajo de los padres, el posterior quedando  después del anterior. El dar y el tomar, así como el tiempo, sólo puede fluir hacia abajo, jamás aguas arriba.

La vida

No se trata, en cuanto al dar y al tomar de los padres e hijos, de un objeto cualquiera sino, esencialmente, del dar y tomar de la vida. Al dar la vida a sus hijos, los padres les obsequian con algo que no les pertenece. Pero junto a la vida, les ofrecen su propia persona, tal como son, sin restar ni añadir nada. Por eso, dando la vida de esta forma, los padres no pueden agregarle nada ni dejar nada de lado, ni conservar nada para ellos mismos. Y de la misma manera, al recibir la vida de sus padres, los hijos no pueden agregarle nada ni restarle nada ni rechazar nada de lo que, con esa vida, les toca. Además de la vida reciben a sus padres. Son lo que son sus padres.

Los órdenes del amor exigen que el hijo tome su vida tal y como los padres la han dado, es decir como un todo y que asienta a ellos tal y como son,  sin más deseos ni resistencias ni miedo.

Ese tomar es un acto humilde, que incluye el asentimiento a la vida y al destino, tal como me es determinado a través de mis padres, la aceptación de los límites que me son asignados y las posibilidades que me son abiertas, el sí a las intrincaciones en el destino de esta familia, en su culpabilidad, en su carga o su facilidad, sea lo que sea.

Podemos sentir en nuestro interior los efectos de ese tomar. Sentimos lo que ocurre cuando nos imaginamos arrodillados ante padre y madre, profundamente inclinados en el suelo con los brazos hacia delante y las palmas ofrecidas al cielo. Les decimos:”Os honro”. Luego nos incorporamos, les miramos a los ojos y les agradecemos por el regalo de la vida. 

El rechazo

Algunas personas opinan que algo maléfico podría colarse en ellos si tomasen a sus padres de esta forma entera y eso les asusta. Como por ejemplo una particularidad de los padres, una discapacidad, una culpa. Entonces, se cierran también a las buenas cosas de los padres y no toman la vida como un todo.

Muchos de los que se niegan a tomar a sus padres de manera entera, buscan equilibrar esa carencia. Aspiran entonces a la realización personal y a la iluminación. Sin embargo, detrás de estas exploraciones  se encuentra la búsqueda secreta del padre y de la madre que no se ha podido tomar. Pero el rechazo de los padres implica el rechazo de sí mismo y, por consiguiente,  una sensación de  ceguera, de vacío y de fracaso en la realización.

Algo particular

Falta aún tomar en cuenta algo más. Es un  secreto. No puedo darle ningún fundamento razonado. Pero al hablar de ello, sube en mí un asentimiento inmediato. Cada uno de nosotros experimenta la presencia, en su interior, de algo particular que no le viene de sus padres. A eso, debemos decir “sí”. Puede ser algo ligero de llevar o algo difícil, algo bueno pero quizá algo malo. No lo podemos escoger nosotros. Sin embargo, sea lo que sea lo que hacemos u omitimos hacer, a favor o en contra de qué, estamos cogidos al servicio de algo, lo queramos o no. Lo vivimos como un deber o una vocación que no se radica en nuestro mérito, ni tampoco  en nuestra culpa, aún si se trata de algo difícil o  incluso cruel. Estamos sirviendo, cualquier sea la situación.

Las buenas dádivas de los padres

Los padres no sólo nos dan la vida. Nos alimentan, nos educan, nos protegen, nos cuidan, nos ofrecen un hogar. Y conviene que lo tomemos así, como lo recibimos. Es una manera de decirles:”Lo acepto todo, con amor”.  Y a continuación, decimos:”Lo tomo con amor”. Esa es una manera de tomar que lo equilibra todo, porque los padres se sienten respetados. Entonces, ofrecen con aún más ganas.

Cuando tomamos así de los padres, por lo general es suficiente. Claro que hay excepciones, lo sabemos todos. Puede que no recibamos todo lo que deseamos ni en la cantidad que deseamos. Pero así es suficiente.

Cuando el niño es adulto, les dice a sus padres:”He recibido mucho y eso es suficiente. Lo llevo todo hacia mi vida”. Entonces, el hijo se siente satisfecho y rico. Y puede añadir:”Lo demás, lo hago yo”. Es una buena frase, que nos emancipa. El hijo dice a sus padres, a continuación:”Ahora os dejo en paz”. Así, se libera de sus padres y sin embargo los guarda dentro de él y los padres guardan a su hijo.

Pero cuando el hijo dice a los padres:”Me tenéis que dar aún más”, entonces se cierra el corazón de ellos. Ya no pueden dar con tantas ganas ni pueden dar tanto, porque el hijo reivindica.  Él mismo, incluso cuando recibe algo ya no lo puede aceptar,  porque de hacerlo tiene que renunciar a sus exigencias.

Cuando un hijo persiste en sus exigencias frente a sus padres, no se puede liberar de ellos. La exigencia ata el hijo a sus padres. Y a la vez, esa atadura hace que los pierde y los padres también pierden a su hijo.

Lo que es personal de los padres

Además de lo que son y dan,  los padres llevan consigo lo que se han ganado como mérito o lo que han padecido como pérdida. Esto les pertenece personalmente. Los hijos participan de ello de manera indirecta pero los padres no pueden ni tienen el permiso para pasarlo a los hijos y los hijos no pueden ni tienen el permiso para tomarlo de los padres. Aquí, cada uno es el artesano de su felicidad o desgracia.

Si un hijo se atribuye los beneficios  y las aspiraciones personales de sus padres sin haber proporcionado un esfuerzo propio ni vivido los obstáculos y el dolor de su destino, es como si reivindicara algo como siendo suyo sin pagar el precio por ello.

Cuando alguien de una generación más reciente se hace cargo de algo difícil en lugar de otro de una generación anterior, el proceso vivificador de dar y tomar en la familia se vuelve en contra de él. Eso pasa cuando un hijo toma la culpa de uno de sus padres, o una enfermedad, un destino particular, un compromiso, una injusticia. La carga pertenece a la persona de la generación anterior como parte de su destino y de su dignidad, bajo su responsabilidad. Y cuando ella la acepta y que nadie se la quita, esta carga puede ser fuente de mucha fuerza y de mucho bien. A la persona le pertenece decidir si luego desea brindar el provecho  de ese bien a un descendiente, esta vez sin exigir el precio que por él ha pagado.

Ahora bien, si un más joven se hace cargo de un destino difícil en lugar de uno más mayor, aunque fuese por amor, entonces se entromete un descendiente en el destino personal de un antecedente, restándole a él, como a su destino, fuerza y dignidad. A consecuencia, les queda a ambos, del provecho de las dificultades, sólo el precio a pagar.

La arrogancia

El orden del dar y tomar en la familia se encuentra puesto con las patas arriba cuando un más joven, en lugar de tomar del más mayor y honrarle, se empeña en darle algo como si le fuera  igual, o incluso superior. Eso se da cuando padres toman de sus hijos e hijos dan a sus padres lo que éstos no han tomado de sus propios padres o de su pareja. En ese caso, los padres toman como si fueran niños y los hijos dan como si fueran padres.  Y el fluir natural del dar y tomar de arriba hacia abajo se invierte y mueve contra la gravedad de abajo hacia arriba. Un tal don, al igual que un arroyo intentando correr aguas arriba, no llega a su destino.

Hace poco estuvo en uno de los grupos de trabajo una señora cuyo padre era ciego y cuya madre era sorda. Ambos se complementaban bien. La mujer, sin embargo, opinaba que le tocaba  cuidarles. Constelamos la familia, de la manera que suelo utilizar para traer a la luz algo oculto. Durante la constelación, la hija se comportó como si fuera ella la grande y los padres los pequeños, aunque la madre le haya dicho: “Yo puedo con tu padre” y que el padre le haya dicho:”Yo puedo con lo de tu madre y no te necesitamos”. La mujer estaba muy decepcionada. Se la había vuelto a colocar en su sitio de niña.

La noche siguiente, no consiguió dormir y me pidió ayuda. Le dije: “El que no consigue dormir, piensa que tiene que cuidar de alguien”. Luego le conté la historia de un joven que en Berlín, después de la guerra, cuidaba de su hermano muerto, para que las ratas no lo comieran. El niño estaba totalmente agotado  por velarle. Se le acercó un hombre amable y le dijo:”De noche, las ratas también duermen”.  El niño se durmió. Y la noche siguiente, la mujer también durmió mejor.

Cuando un hijo infringe el orden de precedencia en el dar y tomar, se castiga mucho, a menudo con fracaso y caída y sin reconocer la culpa y el vínculo con la infracción. Al dar y tomar de manera inapropiada, infringiendo el orden aunque sea por amor, el hijo no percibe su arrogancia y piensa hacer bien. Pero el orden no se deja dominar por el amor. Porque antes del amor actúa en cada alma un órgano de equilibrio que ayuda los órdenes del amor en el mantenimiento de su armonía y justicia, aunque sea al precio de la felicidad y de la vida. Por lo tanto, la lucha del amor contra el orden es el comienzo y el fin de todas las tragedias y sólo existe una vía de escape: comprender el orden y seguirle con amor. Comprender el orden es sabiduría y seguirle con amor es humildad.

 La comunidad de destinos

Padres e hijos constituyen juntos una comunidad de destinos donde cada cual es dependiente del otro en muchos aspectos y donde cada uno debe contribuir, en función de sus posibilidades,  al bien común. Aquí, todos dan y toman. Los hijos incluso dan a los padres, por ejemplo cuando cuidan de ellos en su edad madura y con todo derecho los padres esperan y toman  de sus hijos.

El clan

La segunda relación importante para nosotros  es la que surge de la relación con nuestros padres ya que no sólo pertenecemos a nuestros padres sino que, además de pertenecer a sus clanes respectivos, somos del clan constituido por los de ambos padres.

Un clan se comporta como si estuviera sujetado por una fuerza que une a todos los miembros, así como por un sentido interno de equilibrio y orden que actúa en todos los miembros igualmente. Aquel individuo que esta fuerza vincula al grupo y que ese sentido toma en cuenta, pertenece al clan. Y aquel individuo que esta fuerza descarta y que ese sentido no ampara más, deja de pertenecer al clan. Por lo tanto, se puede detectar, por el alcance de la fuerza y del sentido interno, quien pertenece a ello.

En regla general, son parte del clan los siguientes:

·         El hijo y sus hermanos, muertos o nacidos muertos, abortados o abandonados.

·         Los padres y sus hermanos, los muertos,  los nacidos muertos o abortados así como los hijos nacidos fuera del matrimonio y los medio hermanos.

·         Los abuelos.

·         A veces incluso uno u otro de los bisabuelos

·         Pertenecen también personas sin relación de sangre, entre otros los que han hecho sitio para alguien en el clan, por ejemplo las parejas anteriores de los padres o de los abuelos así como todos los que, con su infelicidad o muerte, han traído provecho a alguien en el clan.

La vinculación por el clan

Los miembros del clan están vinculados entre sí como si compartieran una comunidad de destinos en la que el destino difícil de uno de ellos les afecta a todos y les  induce a querer  compartirlo. Cuando, en una familia, un  hijo muere a temprana edad, alguno de sus hermanos le quiere seguir. A veces incluso los padres o los abuelos quieren morir para seguir a un hijo o nieto muerto. Cuando un miembro de una pareja fallece, el otro a menudo le quiere seguir. Interiormente, los vivos dicen al muerto:”Yo te sigo en la muerte”. Muchos de los que tienen una enfermedad que amenaza su vida, cáncer por ejemplo, o que tienen accidentes graves, o que intentan suicidarse, se encuentran bajo la presión del vinculo de destinos y del amor ciego, diciendo en su interior:”Te sigo”.

A eso se añade la fantasía  de que el uno puede remplazar al otro, es decir hacerse cargo del sufrimiento, expiación y muerte de otro, liberándole de  un destino trágico. La frase interna que  actúa detrás de ese comportamiento es:”Mejor yo que tú”. Cuando un niño ve que un miembro de su clan está gravemente enfermo, dice en su interior:”Mejor enfermo yo que tú”. O cuando un niño ve que otro lleva una culpa grave encima, por la cual debe expiar,  dice entonces:”Mejor expío yo antes que tú”. O cuando un niño ve que alguien prójimo se quiere ir o morir, dice en su interior:”Mejor desaparezco yo antes que tú”. Lo llamativo en eso es que son los más jóvenes los que quieren remplazar a otro en el sufrimiento, expiación o muerte, es decir los niños, pero se da también dentro de las parejas.

Es de notar sin embargo, que este proceso se desarrolla  de manera ampliamente inconsciente, sin que los implicados en él puedan percibirlo, ni los que actúan de reemplazantes ni  los que supuestamente se benefician de esa ayuda. Pero aquel que conoce los vínculos entre destinos, puede liberarse de ellos. En las constelaciones familiares, esos vínculos aparecen con una claridad asombrosa.

La integridad

Estrechamente unida a la vinculación se encuentra la preservación de la integridad dentro del clan. Es decir que un sentido interno de orden, presente en cada miembro del grupo de una manera potente vela para que cada cual, perteneciente al clan, se quede, incluso más allá de la muerte. El clan abarca tanto a los vivos como a los muertos, generalmente hasta la tercera generación pero a veces también hasta la cuarta o quinta generación. Cuando un miembro se pierde para el clan, sea porque le fue retirada la pertenencia, sea porque fue olvidado, crece dentro del clan una necesidad irresistible de recuperar la integridad perdida. Y esto se produce cuando un miembro perdido es representado y traído a la vida por un descendiente, a través de una identificación.

Este proceso se desarrolla también a nivel inconsciente, llevando la carga de restablecer la integridad en primera línea a los niños. Os daré un ejemplo característico en ese sentido.

Un hombre casado se enamora de otra mujer y dice a la suya:”No quiero saber nada más de ti”.  Si tiene hijos con su nueva esposa, uno de ellos representará a la primera mujer, luchando contra el padre con el mismo odio que la mujer abandonada siente, o quizás alejándose del padre con la misma tristeza que ella lleva. Pero tanto el niño como los padres,  ignora que él la está “recordando” y validando.

La responsabilidad en el clan

En el clan, lo hemos visto, los inocentes responden por los culpables. Así, la injusticia hacia el más mayor o la injusticia del más mayor se transforma en algo bueno y equilibrado por el más joven.  Más que todos, los niños son llamados primero, por una instancia superior, para restablecer el equilibrio. Esto se debe a que, dentro del clan, reina un orden de precedencia que impone al ancestro estar antes que el descendiente y al descendiente servir al que es mayor, dejando que el descendiente sea sacrificado para el bienestar del ancestro. Con respecto al restablecimiento del equilibrio, no existe equidad en el clan como es el caso entre iguales.

Un derecho igual de pertenencia

Pero sí que existe en el clan una ley de base que otorga a todos por igual el mismo derecho a la pertenencia. Sin embargo, en muchas familias, algunos miembros se ven rehusado ese derecho. Cuando un hombre casado tiene un hijo fuera del matrimonio, a veces dice su mujer:”No quiero saber nada de ese hijo, no pertenece aquí”.  O cuando una persona de la familia ha tenido un destino difícil, como la muerte en el parto, eso asusta a los demás miembros que la dejan marginada, como si no formara parte del todo. O cuando un miembro   tiene un comportamiento discrepante, le dicen los demás:”Eres una deshonra para nosotros, ya no eres de los nuestros”.

En la práctica, mucha de la moral presuntuosa implica que el uno dice al otro:”Tenemos más derecho a la pertenencia que tú” o bien “Tú tienes menos derecho a pertenecer que yo” o entonces  “Te has jugado tu derecho a la pertenencia”. Ser bueno no significa más que “Yo tengo más derecho” y ser malo quiere decir “Tú tienes menos derecho”.

A los niños muertos o nacidos muertos se les niega a menudo ese derecho, por el hecho que se les olvida. Es posible también que los padres den a un niño nacido después el nombre del hermano muerto. Con eso le dicen al niño muerto:”Ya no perteneces aquí, tenemos un reemplazante para ti”. El niño muerto pierde hasta su nombre.

Cuando los miembros del clan niegan a un ancestro el derecho a la pertenencia por alguno de los motivos mencionados,  algún descendiente, bajo la presión de su sentido interno de equilibrio, le imita y se identifica a él, sin darse cuenta y sin poder defenderse de ello. Todo rechazo de un miembro hace surgir en el clan un impulso irresistible hacia la búsqueda de la integridad perdida y la compensación de la injusticia, con alguien imitando y representando al excluido.

Con eso tiene que ver el que miembros que sobreviven a alguien muerto prematuramente viven con frecuencia un sentimiento de culpa, porque  les parece injusto estar vivos. Para compensar la injusticia, restringen su vida pero no entienden el por qué.  

En el clan rige un orden arcaico que incrementa la desgracia y el dolor en vez de impedirlos. Cuando, bajo la presión de una necesidad ciega, un descendiente desea compensar retroactivamente un suceso del pasado en lugar de su ancestro, entonces el mal no tiene fin. Este orden conserva su fuerza mientras permanece inconsciente. Pero si resalta a la luz, podemos realizar su propósito de otra manera y sin las consecuencias dolorosas. Entonces, intervienen otros órdenes más en el proceso que, en relación con la compensación, dan a los descendientes los mismos derechos que a sus antepasados. Llamo esos órdenes, los órdenes del amor.  Sin embargo, al contrario del amor ciego que busca responder a lo difícil con lo difícil, este amor es sabio. Compensa de un modo sanador y da un término al dolor, con algo bueno.

Lo entenderéis con unos ejemplos. Primero en relación con la frase:”Te sigo” y luego “Mejor yo que tú”. Cuando alguien dice esas frases interiormente, le pido pronunciarlas en presencia de la persona interesada, a la que quiere seguir o para la cual esta dispuesta a sufrir, a expiar o a morir. Al mirar a esta persona a los ojos, ya no consigue decir la frase porque se percata de que esta persona también ama, y que no puede aceptar aquella propuesta. El paso siguiente es poder decir a la persona:”Tú eres el grande y yo el pequeño. Me inclino ante tu destino y acepto el mío, así como me toca. Dame tu bendición si me quedo y si te dejo ir – con amor”. Así, se encuentra vinculado a esta persona con un amor mucho más profundo, habiendo abandonado el deseo de seguirle o de hacerse cargo de su destino.   Y aquella persona se transforma en un protector amable en lugar de amenazar la felicidad de su descendiente.

Cuando alguien quiere seguir a un muerto, por ejemplo a un hermano muerto a temprana edad, entonces le puede decir:”Eres mi hermano, te respeto como mi hermano. Tienes un lugar en mi corazón. Me inclino ante tu destino tal como fue y me mantengo fiel a mi destino, tal como es”. Con eso, los muertos se acercan a los vivos y les cuidan con amor en vez de que los vivos se vayan hacia los muertos.

Si acaso un niño se siente culpable por estar en vida cuando su hermano está muerto, le puede decir:”Querido hermano o hermana, tú estás muerto, yo sigo vivo un poco más, luego me moriré”. Entonces se acaba la arrogación con respecto al muerto y gracias a esto, el niño vivo puede seguir con su vida sin sentir culpa.

Cuando un miembro del clan se ha visto excluido u olvidado, se puede recuperar la integridad del grupo reconociendo y respetando al excluido. Esto es, primeramente, un proceso interno. Luego, una segunda esposa podría decir a la primera:”Tú eres la primera, yo la segunda. Reconozco que has hecho sitio para mí”. Si la primera mujer ha sido perjudicada de alguna forma, la segunda puede agregar:”Reconozco que has sufrido un daño y que tengo un marido a costa tuyo”. Puede añadir:”Por favor, sé amigable conmigo si tomo a mi marido y lo guardo, y sé amigable con mis hijos”. En las constelaciones, podemos ver cuánto el rostro de la primera mujer se relaja al mismo tiempo que asiente, porque se siente respetada. Con eso, el orden está restablecido y ningún niño necesita representarla.

Ahí donde reinan los órdenes del amor, se acaba la responsabilidad del clan para las injusticias ocurridas, porque la culpa y sus consecuencias permanecen con quienes les corresponden y, en lugar de la ciega necesidad de compensación por el mal, generando más y más dolor, se impone la compensación por el bien. Esto se da cuando los más jóvenes toman de los mayores, cualquier sea el precio, y cuando les honran sin cuestionar lo que hayan hecho, y cuando el pasado, bueno o malo, puede permanecer en el pasado. Los excluidos reciben entonces el derecho a la reintegración y, en lugar de causarnos angustia, nos brindan su bendición. Al concederles un lugar en nuestro corazón, que les corresponde, nos encontramos en paz con ellos y nos sentimos completos y enteros por tener con nosotros a todos los que nos pertenecen.

Adiós a los dioses!

Dioses hay muchos. Y se diferencian. Y sólo porque se diferencian unos de otros existe una multiplicidad de dioses. Cada uno de ellos tiene algo más o algo menos que los otros dioses… o diosas. Porque los dioses se distinguen también por su sexo.

Los dioses están para algo. Tienen una función y, para cada función una facultad especial. Por eso se les invoca y necesita según cual sea su función y facultad. En el cristianismo son los santos los que asumieron las funciones de los dioses. Ocuparon su lugar y los dioses resucitaron en ellos.

También el dios judío y cristiano es sólo un dios entre otros. También Él tiene una función y el compete un área parcial. Por ejemplo, el del pueblo elegido o sus fieles. También tiene sexo. Cuando manda «no tendrás otro dios ante mí», se pone en el mismo nivel que ellos. Sólo puede tenerles celos siendo uno de ellos. Lo mismo cabe decir del «dios verdadero». Siendo verdadero, se diferencia y se convierte en uno entre muchos. También el dios que se revela puede ser uno de los dioses. Necesita a alguien por medio del cual expresarse, y ya por eso resulta limitado.

La pregunta es: ¿qué nos queda entonces de Dios?
La respuesta es: nada.

¿No debemos temer al afirmar esto? ¿Porqué en realidad? Sólo los dioses pueden sentirse amenazados.

La pregunta es: ¿existe algo detrás de esos dioses? ¿algo en cuyo lugar hemos colocado dioses?

No lo sabemos. Permanece oculto para nosotros. Pero el adiós a los dioses nos abre a los otros. Es un adiós que sirve sobre todo a la paz. Porque los humanos básicamente se diferencian unos de otros por sus dioses. Se enfrentan en guerras en nombre de sus dioses, sea cual fuere el que más veneren en un momento determinado.

Los dioses son, sobre todo, dioses de un grupo. Sin ellos y diciéndoles adiós nos individualizamos, pudiendo ir al encuentro de otros seres humanos, de igual a igual. Al mismo tiempo nos abrimos a algo que es común a todos, y que nos une humildemente por la precisa razón de que no podemos nombrarlo.

Bert Hellinger en El Amor del Espíritu. Un Estado del Ser. Editorial Rigden Institut Gestalt, Agosto 2009, España. ISBN: 978-84-936175-8-5

Conflicto Mapuche: solo la distancia y el amor nos hará libres

¿Escucharon las respuestas de Natividad LLanquileo a los panelistas del programa “Estado Nacional” el domingo pasado?

Cuando se le preguntó, con tono de no tomarla en serio, si acaso los Mapuche pedían autonomía o independencia territorial…dijo que si, que eso era lo que buscaban. Cuando se le dijo que los chilenos se habían conformado por una mezcla con ellos y que eso debía significar algo para ellos, ella con una lucidez increíble dijo “eso debiera significar algo para ustedes los chilenos”.

Uno nace en su familia, en su etnia, en su religión, y en su cultura y sólo ahí pertenece. Y tiene derecho a que su dignidad como persona que es leal y pertenece a un grupo determinado sea respetada.

Con el proceder de los descendientes de Españoles (y mestizos) que nos reconocemos como Occidentales y cristianos al anexarnos territorios de los Mapuche y permitir que algunos les robaran muchas de SUS tierras, principalmente entre los años 1920 y 1960, hemos perdido un valor muy importante para ambos: la distancia entre nosotros y ellos.

La distancia tiene un valor muy alto como lo prueba que casi todos los conflictos son conflictos de proximidad. Gracias a la distancia, ambas partes se ven devueltas a si mismas, allí donde sus fuerzas llegan a ser provechosas.

El conflicto surge sobre todo allí donde quiero obtener algo que pertenece a otro. Al tomar distancia, dejo al otro lo suyo. En la medida en que él deje de sentirse agobiado o incluso amenazado, puede en toda tranquilidad estar con lo suyo y dejarme lo mío.

¿Cómo lograr reconocer lo propio de cada cual? Pues, gracias a la distancia, la distancia interior y, lógicamente, la distancia exterior. Aunque podemos también vencer la distancia. ¿Cómo? Con el amor.

Los que el amor junta se sienten en seguridad frente al otro, tan en seguridad que pueden develar lo propio y mostrarlo tal como es. Cuando ambos dan a conocer al otro lo propio de esta forma, vencen la distancia aunque sin sacrificarla. El amor deja al otro lo suyo pero de tal manera que puede acercarse y compartirlo. Así, cada cual comparte con el otro lo suyo propio, brindado algo de lo suyo, de modo que ambos crecen y maduran gracias al otro, y alcanzan una plenitud diferente, una plenitud común a ambos.

Es el amor y la distancia la que nos hace libres. Otorguemos independencia territorial en algunas zonas y autonomía y autodeterminación a los pueblos originarios tal como lo han hecho en otras latitudes, y podremos cohabitar todo el territorio de Chile en paz.

El Papa en Londres: Visita non grata

El viaje que esta semana realizará Benedicto XVI al Reino Unido se ha convertido en un dolor de cabeza tanto para el gobierno inglés como para el Vaticano. Miles de manifestantes se preparan para mostrarle al Papa su rechazo en los lugares públicos donde se presente. El pontífice enrareció el ambiente al criticar las reformas a las leyes británicas que prohíben la discriminación por motivos sexuales. Existen voces, como la del jurista Geoffrey Robertson, que consideran viable un proceso judicial en contra de Joseph Ratzinger por encubrir los delitos de abuso sexual que sacerdotes católicos cometieron durante más de 30 años.

Leonardo Boix
http://www.proceso.com.mx

LONDRES, 13 de septiembre (Proceso).- La visita de Estado que el Papa Benedicto XVI efectuará a Gran Bretaña del jueves 16 al domingo 19 –la primera que realiza un Sumo Pontífice al país en casi 30 años desde el viaje de Juan Pablo II– desató una campaña de protesta sin precedente por parte de grupos seculares, de defensa de homosexuales, ateos, activistas a favor de los derechos humanos y expertos en derecho constitucional.

El Papa llegará a Edimburgo, Escocia, primer punto de su gira, y será recibido por la reina Isabel II en el Palacio de Holyrood. Como se trata de una visita de Estado, el gobierno deberá cubrir todos los gastos.

De acuerdo con la administración encabezada por el conservador David Cameron, el costo de la gira papal no superará los 18 millones de dólares; sin embargo, los grupos de protesta estiman que podría rebasar los 107 millones de dólares.

Se espera que numerosos manifestantes y activistas se congreguen en Edimburgo para protestar contra la llegada del pontífice, aprovechando que las autoridades organizarán un desfile callejero, el St. Ninian’s Day Parade. De ahí se trasladará al Bellahouston Park, a las afueras de Glasgow, donde oficiará una homilía y escuchará en vivo a la cantante británica Susan Boyle, quien saltó a la fama en 2009 por su participación en el programa Britain Got Talent.

Durante el segundo día de su visita, Joseph Ratzinger hablará en la St. Mary’s University College, de Twickenham; acudirá al Lambeth Palace, sede del Arzobispado de Canterbury; hablará ante políticos británicos en el Westminster Hall del Parlamento, y más tarde asistirá a un servicio religioso en la Abadía de Westminster.

El sábado 18 se reunirá con Cameron y con el viceprimer ministro, el liberal democrático Nick Clegg; oficiará un servicio religioso en la Catedral de Westminster y participará de una homilía pública en el Hyde Park de la capital británica.

La visita culminará el domingo 19 con una misa y la beatificación del polémico cardenal John Newman, en el Parque Cofton de Birmingham; una visita privada al Oratorio de St. Philip Neri, en Edgbaston, y un almuerzo con los obispos de Inglaterra, Escocia y Gales en el Oscott College.

En entrevista con Proceso, el director ejecutivo de la Asociación Humanística Británica (BHS), Andrew Copson, organizador de la campaña nacional Protest the Pope (Protestar contra el Papa), apoyada por más de 20 organizaciones seculares y humanitarias del país, asegura que muchos manifestantes buscarán interrumpir y boicotear el itinerario oficial.

“Somos una coalición de organizaciones humanísticas, por los derechos de homosexuales, seculares, de mujeres, que nos reunimos para protestar por el hecho de que la visita del Papa sea de Estado, porque el Estado que encabeza, el Vaticano, fue muy dañino y destructor de los derechos de las personas en todo el mundo”, afirma.

La campaña, sostiene el activista, no se limita a protestar en contra del encubrimiento del Vaticano en los casos de abusos en contra de niños perpetrados por sacerdotes; también por sus acciones para negar los derechos de aborto de las mujeres, por no reconocer los derechos humanos de gays y lesbianas, promover la segregación de la educación, y contribuir a la propagación del sida en países pobres al rechazar el uso del condón.

El organizador de la campaña –que incluirá una marcha masiva en Londres el sábado 18, piquetes en distintos puntos donde estará el Papa en Glasgow, Edimburgo y Birmingham, seminarios de debate al aire libre, proyección de películas y conferencias– menciona una encuesta publicada el domingo 5 en el Reino Unido. De acuerdo con ese sondeo, plantea, la mayoría de los británicos considera que la visita papal no debe ser financiada por el Estado británico.

Esa encuesta fue realizada por el grupo ComRes para el think-tank Theos y sus resultados son reveladores: 77% de los entrevistados considera que el erario británico no debe pagar por la visita papal, mientras que 79% dijo no tener “interés personal alguno” en la llegada del Papa.

Las diócesis de Glasgow, Birmingham y Londres no lograron vender los boletos que se les habían otorgado. El reportero comprobó que al menos siete diócesis del país devolvieron cientos de entradas para la vigilia papal en Hyde Park, así como también para la ceremonia de beatificación del cardenal John Newman en Birmingham.

Posiciones inconciliables

En entrevista con Proceso, Terry Sanderson, presidente de la Sociedad Nacional Secular (NSS, por sus siglas en inglés), comenta que el costo total por la visita del Papa se mantiene en secreto.

Pese a ello, dice, “descubrimos que los gastos por seguridad policial para el día que el Papa estará en Edimburgo serán de 10 millones de libras (15.5 millones de dólares). Esto duplica la suma que el gobierno deberá gastar para esta visita. No incluye los gastos por la seguridad policial en Londres o en Birmingham. Nosotros anticipamos que el erario británico terminará pagando al menos 70 millones de libras (107 millones de dólares), que es mucho más de lo que se nos está diciendo. Es desafortunado que un hombre que tiene tantas preguntas por responder acerca de su papel en el encubrimiento de casos de abusos sexuales contra niños, reciba todo ese dinero para su visita, que básicamente servirá para promover su religión”.

Según Sanderson, fue Tony Blair, convertido al catolicismo en 2007 tras dejar su cargo al frente del gobierno, quien invitó al Papa. “El gobierno se está lamentando por la visita papal. La invitación hecha por Blair fue confirmada por su sucesor Gordon Brown. Sin embargo, el nuevo gobierno encabezado por David Cameron hubiera preferido que no existiera ese compromiso; ahora no le queda más remedio que apoyarlo.”, apunta.

Considera que el Vaticano tampoco está contento con la visita debido a la mala publicidad que ha suscitado. “Creo que no hay entusiasmo de ningún lado”, dice el presidente de la NSS.

El miércoles 15, un día antes de la llegada de Benedicto XVI, como parte de la campaña Protest the Pope –de la que Sanderson y su grupo forman parte– se efectuará un acto en el centro de Londres en el cual muchas víctimas de abusos sexuales por parte de sacerdotes contarán sus historias.

El activista confirma que se organizará un mitin de repudio a la visita papal afuera del Parlamento.

Y abunda:

“Escucharemos muy atentamente lo que dirá, porque sabemos que muchas leyes británicas están en conflicto con las prédicas del Papa. De hecho, en Gran Bretaña hemos legalizado la contracepción, el aborto, el divorcio, la homosexualidad y las relaciones entre parejas del mismo sexo, que reciben todo el reconocimiento legal. Todas las cosas que él considera malvadas están plasmadas en la ley británica gracias a largos periodos de debate y a los procesos democráticos vigentes en nuestro país. Si viene a Westminster Hall y les dice a los políticos que están equivocados, cometerá una impertinencia.”

El presidente de la NSS se refiere a las declaraciones de Benedicto XVI, del 3 de febrero pasado, cuando dijo que la Ley de Igualdad del Reino Unido va “en contra de la ley natural” por permitir la adopción y el matrimonio entre homosexuales.

Además, el pontífice aseguró que esa legislación amenaza la “larga tradición británica” de libertad de expresión. “Vuestro país es muy conocido por su firme compromiso con la igualdad de oportunidades para todos los miembros de la sociedad. Sin embargo, el efecto de algunas de las leyes diseñadas para conseguir este objetivo ha sido el de imponer una injusta limitación sobre la libertad de las comunidades religiosas para actuar de acuerdo con sus creencias”, dijo Ratzinger en una carta que dirigió a los obispos británicos.

“Que enfrente a la justicia”

La visita a Gran Bretaña llega en un muy mal momento para el pontífice, pues el miércoles 8 comenzó a circular en Londres un libro del destacado jurista y exasesor del gobierno británico Geoffrey Robertson. En el texto se plantea que Benedicto XVI debe ser detenido y juzgado por crímenes de lesa humanidad.

La obra The Case of the Pope: Vatican Accountability for Human Rights Abuse, presentada en la London School of Economics, acusa al Vaticano de encubrir a pedófilos y evitar que éstos enfrenten juicios criminales en distintos países del mundo.

De acuerdo con Robertson, Ratzinger es moral y legalmente responsable, bajo las leyes internacionales y nacionales, por negligencia al permitir, durante 30 años y mientras se desempeñaba como prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que sacerdotes cometieran crímenes terribles de pedofilia.

El abogado, quien fue el primer presidente de la Corte de Crímenes de Guerra de la ONU en Sierra Leona y que en 2008 fue nombrado miembro distinguido del Consejo de Justicia de Naciones Unidas, entre otros cargos, sostiene que a Benedicto XVI “debería retirársele la inmunidad diplomática, para arrestarlo y que enfrente a la justicia”.

En su libro asegura que el número total de niños abusados por sacerdotes católicos en los últimos 30 años asciende a cientos de miles. Muchos de estos casos, afirma, ocurrieron en América Latina y África, donde a pesar de todo a los curas se les permitió que siguieran rodeados de niños.

Robertson considera que Ley Canónica debe ser abolida porque carece de eficiencia investigadora, no brinda protección a las víctimas y no sanciona a los culpables de abusos.

El jurista inglés sostiene que la visita papal “debe ser una oportunidad para examinar quién es Benedicto XVI y el papel político que desempeña en el mundo; si debe aceptarse que el Vaticano sea un Estado y que el Papa, como jefe de éste, disfrute de inmunidad, lo cual le permite evadir acusaciones por crímenes en contra de los derechos humanos”.

Respecto de la posibilidad de la detención del Papa, Robertson es tajante: “Puede ser demandado en una corte civil si se descubre que incurrió en negligencia al permitir que sacerdotes siguieran abusando de niños. También puede ser acusado por daños y perjuicios. En cuanto a la ley internacional, existen los crímenes contra la humanidad y uno de ellos es la violación de niños cuando ocurre en forma sistemática o generalizada, como en Irlanda”.

Debido a que existe el Derecho Internacional Consuetudinario, que permite a algunos países tener jurisdicción universal para demandar, Robertson sostiene que “Benedicto XVI debe tener cuidado con los países que visita, ya que algún fiscal podría tomar en cuenta los casos de niños violados en sus países por sacerdotes católicos e iniciarle un juicio. Y en ese sentido el Papa sería legalmente responsable”.

Conflicto y Buena Consciencia

Bert Hellinger.

Los conflictos importantes empiezan en el alma, bajo la influencia de la buena consciencia. A esos conflictos, se sacrifican con frecuencia la propia vida y la de otros. En ese aspecto, los conflictos mayores se convierten en algo sagrado dentro del alma, en algo divino al que se dedica lo más alto y lo último. Pero solamente al Dios propio, haciendo de los conflictos importantes asuntos al servicio de ese Dios. Se inician por él y son recompensados por él. ¿Cómo? Después de la muerte, esencialmente. Porque la vida es, en estos casos, el alimento que se le ofrece gracias a las víctimas, que le eleva en el grupo y que le asegura el dominio sobre todos ellos.

Voluntad de destrucción

Cada conflicto grande quiere despejar algo en el camino y al fin y al cabo destruirlo. Detrás de estos conflictos actúa una voluntad de aniquilación.

¿De qué fuerzas o de qué miedos se alimenta? Pues, se alimenta esencialmente del deseo de supervivencia. Ahí donde nuestra vida es amenazada, reaccionamos o bien con la huida – es decir, la huida del ser destruido por otro – o bien con la agresión – es decir, que procuramos destruir al otro o por lo menos, obligarle a huir. Despejar el camino de la presencia de algo o de alguien es la forma más externa de la voluntad de destrucción.

Para ello, no se trata solamente de matar al otro sino incluso de apropiarse de él. Eso también sirve a la supervivencia. Bien es verdad que nos espantamos del canibalismo, pero sólo en apariencia. Porque se dan situaciones actuales en las que las personas se aseguran su supervivencia a costa de otras. A menudo, la apropiación de lo que hemos destruido es inevitable para nuestra supervivencia. Por cierto, nos alimentamos de aquello que la naturaleza nos brinda, sus frutos por ejemplo, pero en el caso de los animales, debemos matar primero antes de poder ingerirlos.

¿Son esos conflictos – y más que todo los conflictos mortales – inhumanos?
Cuando nos encontramos en una emergencia extrema, no los podemos evitar.

Puesto que los conflictos por una parte aseguran la supervivencia pero por otra la ponen en peligro, los hombres han buscado desde un principio resolverlos de manera pacífica, gracias a contratos,  a límites claramente demarcados, a la unión de pequeños grupos bajo un mando común, a las leyes. Los conflictos letales son así mantenidos dentro de ciertas fronteras gracias a un orden jurídico, sobre todo gracias a que unos individuos o gremios tienen la posibilidad de poner dique a la resolución violenta de conflictos por control absoluto de un dirigente.

Ese orden es exterior. Se basa por un lado en la conformidad pero por otro también  – y en gran parte – en el miedo al castigo, incluso a la pena de muerte o a la exclusión de la comunidad. Ese orden es, en realidad, impuesto por medio de intimidación y por lo tanto es a la vez conflicto y lucha. Sin embargo, está organizado de tal forma que sirve la supervivencia del grupo y de cada uno de sus miembros.

El orden jurídico impone pues, fronteras a la voluntad personal de aniquilación y protege tanto al individuo como al grupo  de su irrupción. Cuando las fronteras caen, como en la guerra por ejemplo, o cuando las fuerzas del orden colapsan, como en una revolución, irrumpe nuevamente la voluntad destructiva primaria, con horrendas consecuencias.

La transferencia de la voluntad de destrucción

Dentro de los grupos, en los que el individuo es protegido del deseo destructivo del otro y del suyo propio gracias a un orden legal, se desplaza a veces esa voluntad de destrucción hacia otros niveles, por ejemplo en las confrontaciones políticas pero también en las polémicas científicas e ideológicas.

Podemos ver la voluntad de destrucción obrando en cualquier lugar donde se abandonó el nivel de las cosas concretas. En vez de la búsqueda en común de la mejor solución, en vez de una observación y prueba en común, orientadas hacia lo específico, los representantes del partido adverso son insultados con improperio y calumnia. Las agresiones que aquí se cuelan se diferencian muy poco de la voluntad de destrucción física y apuntan como ella, en sentimientos e intención, hacia el exterminio del otro, por lo menos moralmente, declarándole como enemigo del grupo, con todos los efectos que esto implica.

¿Puede el individuo defenderse de ello? No. Está expuesto al conflicto, incluso sin intervenir en ello. Pero surge el peligro que, en respuesta a esas agresiones, perciba dentro de él el mismo deseo destructivo y que se defienda de sus efectos con dificultad.

La justicia

Estas confrontaciones sacan su energía no sólo de la voluntad de supervivencia, sino también de la necesidad común a todos los humanos de un equilibrio entre el dar y el tomar, entre la ganancia y la pérdida. Lo conocemos todavía como necesidad de justicia. Sólo cuando se ha alcanzado el equilibrio, podemos sentirnos tranquilos. Por eso, para nosotros, la justicia es un bien máximo.

Sin embargo ¿lo es en todos los casos? ¿O lo es en un marco limitado, cuando el equilibrio va para mejor? En efecto, la necesidad de equilibrio tiene efectos muy diferentes cuando se trata de equilibrar el daño y la pérdida.

Lo explico con un ejemplo. Cuando alguien nos ha hecho algún daño, meditamos una venganza. Es decir que, para equilibrarlo, queremos también dañarle de alguna forma. Por una parte nos motiva la necesidad de equilibrio – eso sería aquí la necesidad de justicia. Por otra parte, se activa en nosotros la doble voluntad de supervivencia y de destrucción. Queremos impedir que el otro, una vez más, nos dañe y nos perjudique. La venganza nos lleva entonces más allá del equilibrio y de la justicia, y acabamos causando al otro más sufrimiento y daño que él a nosotros. A continuación, el otro a su vez reflexiona en términos de justicia pero también de venganza y así el conflicto entre nosotros no encuentra fin. La justicia se transforma aquí en pretexto para la venganza. En su nombre, el deseo de aniquilación encuentra nuevamente una grieta en la que colarse.

La consciencia

Un elemento más enardece el conflicto. Es algo que llamamos “bueno” y que sin embargo provoca algo malo. Es la buena consciencia. Al igual que la justicia, la buena consciencia se utiliza como el caballo tirando del coche. Es decir que, en cuanto alguien opina que él es mejor que otros y, por lo tanto, está en su derecho para agredirles, está actuando bajo la influencia de su consciencia, con buena consciencia.

¿Se trata realmente de su consciencia? Es la consciencia de la familia y del grupo, que hacen su supervivencia posible. Es la consciencia de su grupo que, en conflictos con otros grupos, ha asegurado la supervivencia propia gracias a su voluntad de destrucción. Ya que en la imaginación de mucha gente, esa consciencia tiene aura de santidad, los ataques a personas que piensan o que actúan de forma diferente así como su destrucción, se ve santificada. Ahí se originan las guerras santas, tanto en los campos de batalla como dentro de los grupos, en cuanto los disidentes son vistos como un peligro para la cohesión del conjunto. Así como en las guerras, todos los medios son justificados y consagrados por la buena consciencia. Cualquier llamamiento a la consciencia de los agresores de esta índole y a su honradez queda sin resonancia y cae en lo vacío. No porque sean malos sino porque tienen una buena consciencia y opinan que  pelean por una causa buena.

A la inversa, el que piensa que puede apelar a la consciencia de ellos, lo hace desde otra consciencia,  su buena consciencia. Sin embargo, bajo su influencia, corre peligro de utilizar los mismos medios que aquellos. Por lo tanto, buscar soluciones a conflictos graves en el ámbito de la justicia es en vano.

La amenaza de lo nuevo

Todo lo que sacude lo establecido es  vivido por la consciencia como amenazador, sea la del individuo como la del grupo, si es que aquí podemos hacer una diferencia entre las dos. Porque al fin y al cabo, toda consciencia es la de un grupo. Lo nuevo amenaza la cohesión del grupo y por lo tanto, su supervivencia en su forma actual. Si un grupo hiciera sitio para lo nuevo, esto significaría que se tendría que disolver o volver a organizar por completo.

Por ese motivo, muchas ideologías políticas se han desmoronado después de un tiempo, incapaces de resistir a largo plazo a la prueba de la realidad experimentable, como pasó con la ideología comunista. Pero esa caída sucedió sólo después de que muchos de los que, anteriormente,  habían advertido de lo ilusorio de estas ideologías, hubieran sido ejecutados o empujados a la muerte de alguna forma, como por ejemplo por las hambrunas consecutivas a esas ideologías.

Sólo cuando los grupos, habiéndose construido en base a comprensiones nuevas, se han hecho suficiente fuertes como para proteger a los suyos contra la voluntad destructiva de los viejos grupos, están sus miembros en seguridad. El que demasiado pronto se atreve, está en peligro. Muchos herejes y demás desviacionistas traen testimonio de ello.

Pero, ¿eran malos aquellos que clavaron a los herejes en la cruz o los quemaron en la hoguera públicamente? Defendían la supervivencia de su grupo y la suya propia. Su voluntad de destrucción servía esa supervivencia y ellos seguían así su buena consciencia.

El rechazado interiorizado

Aunque una persona, bajo la influencia de su buena consciencia, rechace a otra, sea cual sea el motivo, se encuentra bajo la presión de otra instancia anímica que le pide dar al rechazado un sitio en su alma. Esto se muestra por el hecho de que, de repente, vive en su propia persona algo que ha rechazado en el otro, como su agresión por ejemplo. Sólo que ahora el blanco de la agresión se ha desplazado. Esa no se dirige más hacia las mismas personas que anteriormente, víctimas de aquel perpetrador, sino hacia otras, que la persona relaciona con el perpetrador, sin que tengan algo que ver.

Con eso, le queda oculto que se trata de una transferencia, aunque el impulso sigue siendo el mismo.

Sin embargo, de un modo extraño y compensatorio, una instancia interna oculta permite que la consciencia buena y a la vez ciega se empale en su propio cuchillo y fracase.

En relación con esto, existe una transferencia más, y es que lo que rechazamos y renegamos personalmente se ve combatido en otra persona, tal como Freud lo ha descrito en su tratado sobre proyecciones.

Una transferencia suplementaria se muestra cuando los niños concretizan en su comportamiento lo que uno de los padres rechaza. Lo vemos a menudo en los extremistas de derechas. A través de su radicalismo, honran al padre rechazado y despreciado por la madre.  En muchos de los que combaten a esos mismos extremistas de derechas se puede notar un comportamiento idéntico. Lo hacen con la misma agresión y los mismos medios. Pero todos, con buena consciencia.

El campo

Podemos entender mejor este contexto si lo contemplamos dentro del marco del campo.

Rupert Sheldrake habla aquí de un campo mental o de un campo expandido. En inglés: extended mind.  Él observó la existencia de una comunicación entre los seres vivos, que sólo podemos comprender aceptando la presencia de un campo mental, dentro de cuyos límites estos seres permanecen y se mueven. ¿Cómo se podría explicar de otra manera que un animal encuentra precisamente la planta que necesita para el alivio de un mal físico, o que un perro sabe cuando su amo está de camino para la casa? Similares son los fenómenos que se dan a ver en las constelaciones familiares, sólo entendibles gracias a la aceptación de tales campos comunes, por ejemplo cuando los representantes  perciben en cuerpo y sentimiento, al estar colocados juntos en el espacio, lo que los familiares del cliente sienten, sin conocerles.

En este campo, todos están en resonancia con todos. Nada ni nadie puede caerse fuera del campo. Incluso el pasado y los muertos están presentes en él. Por eso es que cualquier intento de excluir a alguien  o de deshacerse de él, está condenado al fracaso. Al contrario, la persona excluida, despreciada o eliminada gana poder a través del intento de deshacerse de ella.  Cuanto más se busca esa exclusión, tanto más potencia tiene su efecto. El campo se intranquiliza y se desordena hasta que el desbancado sea reconocido y pueda reintegrar, dentro del campo,  el sitio que le corresponde.

Campo y consciencia

Los diferentes efectos de la consciencia  se nos hacen realmente comprensibles cuando los consideramos en relación con los campos mentales. Entonces, vemos que nos movemos en distintos campos. Por eso es que tenemos en diferentes campos una consciencia distinta. Por las reacciones de la consciencia, podemos descifrar cómo el campo actúa, a quién abarca y a quién o a qué excluye o desaloja.

Bajo la influencia de la buena consciencia, el campo se polariza. Es decir que sólo una parte del campo o – aplicado a las relaciones humanas – sólo una parte de las personas que integran ese campo, son reconocidas como pertenecientes. En el lenguaje de la consciencia, los buenos son aquellos que tienen permiso de pertenecer. Pero “buenos”, para la consciencia, son únicamente aquellos que excluyen y rechazan a los que la consciencia rechaza. Sin embargo, como ningún excluido puede ser obligado a permanecer fuera sino que adquiere potencia gracias al rechazo, acaba acorralando a los “buenos”. Esto se muestra en ellos cuando continuamente se sienten en estado de defensa contra el “mal” en su propia alma y el “mal” en su entorno. Se consumen en el combate contra la sombra de su propia luz, hasta que sus fuerzas se paralicen o hasta que cedan sitio al “mal” dentro de ellos mismos y se vicien. Pero sin respetarlo y habitados por un sentimiento de derrota y mala consciencia.

¿Cuál es pues, el gran conflicto? Es el conflicto entre la buena y la mala consciencia. En él se originan los conflictos más implacables que haya entre grupos o en la propia alma.

La locura

Bajo la influencia de la buena consciencia y la irresistible necesidad de pertenencia surge un movimiento de celo ciego, que provoca por una parte un sentimiento exaltado, el de la inocencia, de la buena consciencia y de la pertenencia que, simultáneamente con fanatismo, se dirige en contra de otros. Lleva a una disposición asesina, ligada a una voluntad destructiva frente a otros, sin que estos otros sean vistos como seres humanos. Más bien, son lanzados como forraje a un ídolo, matados por él,  anónimas víctimas del desbordamiento de la exaltación. De esta locura, el conflicto masivo y absurdo saca su fuerza.

Obviamente, en estos conflictos existen matices pero el movimiento de fondo es el mismo. A través de él se disuelve el ser individual en el ser colectivo del grupo, inducido con la misma buena consciencia al sentimiento de superioridad sobre otros grupos, por lo demás anónimos. Es también aquel movimiento que lleva al enardecimiento, en el que la percepción es reducida, incluso abolida, tomando rasgos de delirio.

Quien se retira de la masa de los fanáticos, buscando más consciencia, no sirve más para los grandes conflictos. No se deja más seducir por ellos. Pero corre peligro de que se vuelvan en contra de él los que están  en el fanatismo, siendo visto como un traidor y cayendo víctima del conflicto. ¿Por qué? Por no tener ya la buena consciencia de los demás.

La Estructura Psiquica Moralmente Socavada de Nuestro Presidente

La incapacidad de un gobernante radica fundamentalmente en su insuficiencia como hombre, es decir, en su estructura psíquica moralmente socavada, que lo conduce a un completo fracaso en todas las decisiones importantes y le impide estar de verdad al servicio de su pueblo.

Un hombre se hace hombre (y una mujer se hace mujer) plenamente responsable de sus actos y de las consecuencias de sus actos sólo una vez que reconoce y aprende a respetar la fuente de su vida y en el caso del hombre al hombre más significativo en su vida tal como éste es, porque sólo así puede tomar la masculinidad de aquél al que le debe nada menos que su vida. Sólo entonces respeta además a los demás hombres y a las mujeres bien mujeres, y es capaz de ser una persona responsable de sus actos y respetuosa de sí mismo.

Y esto es así aun cuando su progenitor lo haya abandonado y lo haya dado en adopción y aún si está aquí porque su madre fue inseminada en forma artificial con espermios escogidos de un catalogo.

Lo mismo ocurre con la mujer y su madre; ya que en la medida en que estamos conectados con nuestros progenitores estamos conectados con la fuente de la vida.

Una persona que se encuentra separada de sus padres esta escindida de la fuente de la vida y del alma que crea desde dentro los movimientos de la vida y lo fortalece. Cualquiera haya sido la conducta de nuestros padres, ellos son la fuente de la vida para nosotros. Por tanto lo esencial para nuestra salud psiquica es la conexión con nuestros progenitores de tal manera que lo que viene de ellos pueda fluir libremente hacia nosotros y a través nuestro a los que siguen.

Antes que nada nuestros Creadores son nuestros padres biológicos.

En el alma el objeto del mayor amor y el mayor anhelo son los padres; estamos fundamental e indisolublemente ligados a nuestros padres biológicos y nuestra salud psiquica indisolublemente ligada a que tomemos a nuestros padres y sus dones y su destino tal cual estos son con amor. Es lo que nos permite estar completos: fundidos en el alma con nuestra mente y nuestro cuerpo, movidos por fuerzas historicas, terrenales, sistémicas, geneticas y existenciales inexorables.

La salud espiritual y la plenitud nos es accesible cuando todos los secretos de familia quedan develados, todos los miembros de la familia que han sido excluidos son incluidos, y los destinos dificiles son honrados, ya que no es que poseamos un alma inmortal dentro de un cuerpo mortal sino que pertenecemos al alma de nuestra familia y de los clanes o grupos mayores en los que nos encontramos al nacer en una familia, un grupo, una etnia, una cultura, una religión… o en los que estamos posteriormente en la vida.

Pero volvamos a lo de ‘tomar al padre’ (y luego veremos el proceso de ‘tomar a la madre’ en el caso de la hija). Es un movimiento esencial y el resultado de un proceso psíquico que comienza con el hijo, de niño, en la esfera de su madre, y que en ese estar, experimenta lo femenino de ella. Al permanecer en esa esfera, lo femenino va inundando su alma, y experimenta a la mujer como demasiado poderosa. Este hecho le impide al hijo tomar al padre, por lo que lo masculino en él queda restringido y va perdiéndose cada vez más. En la esfera de la madre, el hijo frecuentemente no consigue ser más que un adolescente, un favorito de las mujeres o un amante, pero no un hombre. Para hacerse hombre, tiene que resistir a la tentación de hacerse o poder ser mujer él mismo. Por lo tanto, tiene que renunciar a la primera mujer en su vida y, tempranamente, pasar de la esfera de la madre a la del padre. Es una gran renuncia para el hijo y una incisión profunda.

En otros tiempos se tomaba conciencia de esto y se apoyaba o realizaba mediante los ritos de iniciación. Después el chico ya no podía volver con la madre. En nuestra cultura, el paso del desprendimiento de la madre se daba al ser llamado el joven al servicio militar. Allí, los adolescentes se convertían en hombres.

Con el padre, el hijo se convierte en un hombre que ha renunciado a lo femenino en sí mismo. Así puede recibir lo femenino como obsequio de otra persona, de una mujer, creándose así una relación duradera, fuerte y respetuosa.

También la hija al principio está con la madre, experimentándola como fuerte, pero de manera distinta que el hijo. Ella tiende al padre. Experimenta lo masculino primero en la relación con el padre, y eso la fascina. Si permanece en su esfera, lo masculino inunda su alma. En un caso así no llega a ser más que una chica o una querida, pero no una mujer. Más tarde no puede dirigirse íntegramente a otro hombre, ni valorarlo ni tratarlo de igual a igual.

Para hacerse mujer, la hija tiene que renunciar al primer hombre en su vida, es decir, al padre, retirarse de él y volver con la madre, ponerse al lado de ella. Ahí se convierte en mujer, y más adelante encontrará a su propia pareja, al hombre del que pueda recibir lo masculino como obsequio. Es justo lo contrario de la idea narcisista de que la mujer tendría que desarrollar lo masculino en sí misma.

Si el movimiento hacia el progenitor del mismo sexo queda interrumpido, en el caso del varón una de las formas en que el ‘hijo de mamá’ se pasa la vida es desviviéndose por destacar para que su ‘mamá’ lo quiera por lo que hace compulsivamente y por la imagen de ‘éxito’ que de él puedan tener los demás.

Pero las mujeres de verdad sí saben que un ‘hijito de mamá’ no puede satisfacerlas porque no les interesa ser su mamá, ni puede ser su complemento de verdad, ya que es ‘poco hombre’.

También saben que el ‘poco hombre’ no necesita a una mujer cabal que lo complemente como hombre porque el pretende tener algo de lo que es ser mujer en sí, y se dan cuenta de que desprecia a las mujeres.

Lo hemos visto en ocasiones: lo sabe Evelyn Mattei…, y lo saben unas notables periodistas que le han querido recordar que también existe la especifica y diferente mirada femenina y le han dicho que él es como un cíclope -un gigante con un solo gran ojo al centro- aunque más bien parece que el referido es apenas un ‘chatito’ tuerto.

El problema para los demás, tanto hombres como mujeres, con un ‘poco hombre’ es que su ‘éxito’ lo puede llevar a ocupar un cargo en que deba tutelar el bien común, lo que por sobre todo significa RESPETAR y SERVIR a los demás, y el ‘hijito de mamá’ no está en eso, ya que ni siquiera se respeta a sí mismo, porque él no tiene la capacidad de conectarse con sus propios sentimientos y deseos. Llegó a creer que la mirada del Otro le hacía existir y que los demás sólo podían apreciarle por su actividad y por su imagen.

En la loca carrera por agradar y triunfar juega al bufón escarlata, no respeta a nadie, y pone triste a la princesa de ojos azules que ya no quiere el Palacio, que ha perdido la risa, que ha perdido el color y persigue por el cielo de Oriente la libélula vaga de una vaga ilusión.

¿Acicateado por el temor al abucheo?

¿Inadmisible?

Patológico, porque carece de firmeza en su estructura psíquica, se subyuga a la marea de deseos epidémicos de la masa vociferante, y conduce a la desintegración de la responsabilidad personal y colectiva. Y ello, en vez estar al servicio del pueblo y de ser conductor de la convivencia fraterna y la plenitud creadora de lo humano.

Humberto del Pozo López

¡ay, ay, ay! … por los 33 en la Mina San José

¿Qué hará nuestro doliente, quejumbroso, amargo, melodramático y auto conmiserativo país averiado por la desidia de los súbditos que no asumen la responsabilidad de velar por su propia salud, vida y seguridad en el trabajo, y se arriesgan a dejar en el desamparo a su familia, ni velan por el respeto de las leyes laborales, y dado el caso ni denuncian su incumplimiento ni las falencias de los fiscalizadores fiscales?

¿Qué haremos para dotarnos de representantes electos que de verdad cumplan sus promesas electorales; velen por el respeto por la vida y la salud de los trabajadores en todas las empresas que tienen licencia para hacer negocios legítimos en Chile y para obtener ingresos y acumular riqueza sólo si es a cambio de crear valor y bienestar para los demás; y que estén efectivamente al servicio de sus representados?

¿Hasta cuándo vamos a elegir bufones escarlata y seductores ‘chatitos de oro’ cuya mayor virtud son las pillerías para enriquecerse en cargos en que deben tutelar el bien común y los aprovechan para sus propios intereses particulares?

¿Quién va a ser el chivo expiatorio ahora que sabemos que los mineros están bien gracias a la tenaz labor de los trabajadores de Codelco encabezados por el señor Andrés Sougarrette, de los voluntarios rescatistas, y del trabajador designado por los familiares y los demás trabajadores de la mina, el señor Miguel Fort; y mientras compartimos la alegría y se desarrollan las labores para sacarlos a la superficie sanos y salvos?

Sobre todo que se ha derrumbado, una vez más, la cómoda seguridad brindada por un Estado supuestamente paternalista –pero sólo a la hora de prohibir la droga, los dispositivos con nicotina, los anticonceptivos de emergencia, el aborto –aún el terapéutico–, porque no cumple su obligación de fiscalizar como corresponde la preservación de la salud ni la seguridad de la vida en los lugares de trabajo.

Como no cumple en proveer una educación pública de calidad para formar ciudadanos y personas integrales que piensen por sí mismos, se autoestiman, y actúan con autodisciplina y plena responsabilidad.

Ni cumple con fijar por Ley la cuantía del salario mínimo en un nivel que remedie la asimetría entre el poder de negociación de un empresario y un trabajador poco calificado que tiene que obtener ingresos para sobrevivir con dignidad vendiéndole su trabajo a otro y mientras le genera utilidades al empresario él muere prematuramente cada día un poco más y su familia se apresta a perpetuar ese miserable destino.

Todo ello a vista y paciencia de los Parlamentarios que actúan más para la representación teatral y el espectáculo de la Tele donde priman los gestos y guiños para la audiencia que para ‘representar’ al pueblo soberano que los elige.

Y a vista y paciencia de los súbditos, que toleran que El Gobierno de turno viole la Constitución que dice que “es deber del Estado … promover la integración armónica de todos los sectores de la Nación y ASEGURAR el derecho de las personas a participar con igualdad de oportunidades en la vida nacional”.

Para qué estamos con cuentos, si hace rato que el Estado no está al servicio de los ciudadanos sino que de los dueños de Chile, los mismos a los que se refieren los Ministros de Hacienda –graciosamente– cuando dicen que hay que fijar el salario mínimo en una cuantía tal que permita cuidar los intereses de los que dan empleo (sic?), como si el trabajo fuese una concesión del capital, y no al revés. O, de los interesados que cacarean cada vez que pueden la manoseada ideología del “déjennos trabajar tranquilos”, mientras los cooptados por los poderosos se la compran enterita porque ellos sí se han beneficiado de la economía de mercado que en los hechos hace rato perdió el apellido ‘social’.

Como hace mucho rato que la RESPONSABILIDAD es un valor en estrepitosa retirada.

Es cosa de acordarse qué ha pasado con los legalmente responsables de dar la alerta de tsunami. Cuando el Jefe de Estado tuvo la oportunidad de dar una lección contundente degradando al Almirante por ignominioso incumplimiento de sus deberes militares y estratégicos y no honrar su juramento de servicio a la Patria… pues nada! ¿Y así pretenden que un inspector del Trabajo cierre oportunamente una mina porque en ésta no se cumple con las normas de seguridad?

¿Hasta cuándo toleramos que se diluye la responsabilidad, y que los funcionarios fiscalizadores no actuen en forma profesional y con la altura de miras de una ética al servicio de la vida y el bienestar de las personas y que no procedan en concordancia con los cuestionamientos morales que pudieran surgir?

¿Iremos a enfrentar estas conductas inaceptables con la rabia y el enfado de quien se da cuenta que no ha tomado lo que habría podido o tenido que tomar, o que no ha reclamado lo que habría podido o tenido que reclamar, o que no ha rogado por lo que habría podido o tenido que rogar? Así ocurre cuando en vez de hacer frente y buscar o tomar lo que me hace falta, me enfado y me pongo rabioso con las personas de las cuales no he tomado o reclamado o rogado cuando lo habría podido o tenido que hacer. Esta rabia es un sustituto para la acción y la consecuencia de una dimisión. Ella me paraliza, me hace sentir inapto y débil y perdura durante mucho tiempo.

La alternativa es poner en movimiento de esa cólera que es virtud y valentía. La cólera que es fuerza de penetración atenta y recogida, al servicio de la miseria y de la necesidad que, con osadía y sabiduría se enfrenta a los poderosos y a los que ejercen mucho peso. Sin embargo esta cólera es sin emoción. Si lo requiere la situación, actúa provocando daño al otro, sin temor y sin maldad. Es pura energía agresiva. Se expresa incluso como capacidad para negociar estratégicamente.

¿Quién va a asumir y expresar AHORA esa cólera valiente y estratégica? Los sindicatos de los que trabajan sub-sole y sub-terra en mejores condiciones y en solidaridad con sus colegas subcontratados y los más pobres que trabajan como mano de obra desechable y en condiciones legales y materiales más precarias? ¿El partido que los representa? ¿Habrá alguno al servicio de TODOS los ‘trabajadores’?

¿Habrá líderes capaces de movilizar las energías de los trabajadores y de los jóvenes que dicen que ‘no están ni ahí’, y quizás se den cuenta de que su participación social y política puede muy bien ser, cualquier día de estos, cuestión de SU vida o muerte, y se decidan a moverse para que acumulemos la fuerza que se requiere para transformar el intolerable estado de las cosas?

¿Tal vez por propia dignidad y también para honrar a tantos que han caído o se han enfermado tanto y no merecen la insignificancia?

¡ay, ay, ay! … por los súbditos del Estado de Chile.

Mientras tanto le deseamos lo mejor a esos 33 trabajadores que están ahora atrapados en lo profundo de la tierra, no por accidente, sino porque unos empresarios apostaron sus vidas. Esperamos que los rescaten sanos y salvos y vivan con su familia una nueva vida.

Humberto del Pozo López

Mapuches en Huelga de Hambre: ¿Culpa o Inocencia?

Los grandes medios de comunicación han silenciado la huelga de hambre en que están hace varias semanas una treintena de presos Mapuche, diseminados en diversas cárceles del sur de Chile (Valdivia, Temuco, Angol y Concepción).

Ver nómina de las 32 personas en huelga de hambre y los delitos por los que están presos o procesados en

http://www.laopinon.cl/admin/render/noticia/24884

Ellos piden que no les apliquen la Ley Antiterrorista, en causas que les involucran, que no se les procese por la justicia militar, y que se desmilitarizen sus comunidades. Ninguno de ellos está imputado de homicidio o de intentar lesionar la vida de persona alguna.

Es evidente que no son terroristas, pero su actitud desafía la política pública que el Estado de Chile ha construido para ellos.

La ley antiterrorista, aprobada bajo el régimen militar, ha sido aplicada en forma casi exclusiva a los Mapuche por casi una década. Esa ley establece tipos penales amplios que posibilitan su aplicación a hechos que nada tiene que ver con terrorismo, y que pueden ser juzgados y sancionados por la legislación penal ordinaria. Y no garantiza el debido proceso al permitir la mantención del secreto de la investigación por largos períodos, la protección de los testigos, dando lugar a la existencia de testigos sin rostro, e impide la aplicación de medidas cautelares distintas de la prisión preventiva. También establece penalidades que duplican en varios casos las penas de la legislación ordinaria.

Aquí, ha dicho en reiteradas ocasiones la Comisión de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, hay una aplicación de una ley en forma desproporcionada contra una demanda social de un grupo específico, lo que constituye discriminación.

Los Mapuche son invisibles en los medios: Las noticias sobre la huelga de hambre de los presos Mapuche no tiene amplia difusión, sólo es divulgada por los medios de prensa de las asociaciones de mapuches u otros foros comunitarios. En los medios masivos, apenas salen informaciones al respecto. Tampoco en el exterior el caso de los Mapuche en huelga ha trascendido mayormente.

Lucía Sepúlveda, miembro de la Comisión Ética contra la Tortura de Chile, explica las razones de ese silencio:
“La gran prensa en Chile y los canales de televisión están totalmente vinculados a la gran empresa, al poder de las forestales que son el adversario de las comunidades mapuches. El poder de las forestales es enorme, manejan toda la publicidad. También el Estado, el Gobierno de Chile, tiene influencia. De manera que los medios se cuidan de informar sobre un tema que es agudo, controversial.”

El silenciamiento de los medios de comunicación social hace que para los demás ‘ciudadanos’ sea muy difícil ver a los Mapuche como a seres humanos iguales en dignidad, y hace muy difícil escucharlos. Así nada relevante podrán ellos hacer, porque carecen de los recursos necesarios para defenderse, aún cuando se estén muriendo.

La prensa está impidiendo en ‘buena conciencia’ que tomemos conciencia de lo que le estamos haciendo a los Mapuches como sociedad. Están evitando que tomemos conciencia porque de hacerlo quizás podríamos juzgar a través de nuestra propia sensación de culpa o inocencia, o en otras palabras mediante la tranquilidad de conciencia o la mala conciencia, si es o no apropiado calificar a los Mapuches de terroristas y qué hacer para poner fin al estado actual del conflicto y alcanzar la paz.

La mala conciencia nos haría modificar nuestra conducta para deshacernos de ella. Así cesaría la sensación de culpa. Nos sentiríamos inocentes y nuestra conciencia estaría tranquila.

Lamentablemente nuestra conciencia no nos dice qué debemos hacer, sino que es más bien una conciencia de nuestro estado, y de una sensación. Debemos elegir los medios para liberarnos de la culpa.

Cabria preguntarse ¿qué tan fuerte es nuestra sensación de culpa en relación con lo que le hemos hecho al pueblo Mapuche? ¿Es lo suficientemente fuerte como para que nos movamos para hacer algo significativo que remedie nuestro malestar por la culpa?

El punto es que tanto los Mapuche como los que no somos Mapuche nos vivenciamos como parte de un grupo y no del otro grupo, y nuestra conciencia es primero que nada el órgano sistémico que confirma nuestra pertenencia al grupo que es significativo e importante para nosotros y del que dependemos para sobrevivir. En efecto, si quedáramos fuera de ese grupo nos sentiríamos incompletos y perdidos. Sobre todo si no estuviéramos en condiciones de unirnos a un grupo similar.

Así en los grupos importantes para que podamos sobrevivir, cada parte está al servicio del todo. Todos los miembros sienten que pertenecen y están obligados con la totalidad; por lo tanto, estarían dispuestos a sacrificarse por el conjunto si eso fuera necesario. El individuo sólo llega a sentirse pleno dentro de la totalidad, y sobrevivirá en el todo, aunque tuviera que perecer para servir al todo.

Es decir la conciencia está más al servicio de la supervivencia del grupo, no tanto para permitir que el individuo sobreviva. En primera instancia, es una conciencia de grupo. Cuando descubrimos este hecho, y le prestamos atención, comprendemos muchos comportamientos – tanto nuestros como de los demás – que a simple vista parecen extraños, o fuera de lugar.

El individuo hará todo lo que el grupo significativo (importante) le demande, a cambio de pertenecer. Por lo tanto dentro de ese grupo, cuando sigue a su conciencia no tendrá un “sí mismo” independiente y tampoco un “Yo” independiente. Todo lo que experimente dentro de ese grupo como su “sí mismo” y como su “Yo”, será en realidad el “sí mismo” y el “Yo” grupal. Por este motivo, cuando están dentro de un grupo, muchas personas se exaltan y pierden rápidamente su sensatez y discernimiento. Especialmente cuando tengan la conciencia tranquila, a menudo se volverán siniestros y peligrosos para los demás.

Ya lo vemos: sin asco, ni remordimiento, en total ‘inocencia’, los no mapuche nos hacemos los desentendidos de las violaciones a los que algunos de nuestro grupo sometieron o someten todavía a otros, y actuamos como si no nos afectara, y creemos que podemos seguir así tan campantes a pesar de los crímenes que vimos o supimos, por los que desviamos la mirada y no queremos ver y nada hacemos para impedir, y sobretodo por las atrocidades que por nuestra ‘ceguera’ o complicidad o encubrimiento nos reportaron beneficios y no hemos hecho nada para reparar el daño infligido.

Así en ‘buena conciencia’ calificamos a los Mapuche de terroristas sin importarnos que los hayamos “torturado y tratado como animales, vejado a sus líderes religiosos, marcado con hierros, alcoholizado y, cuando los hemos tenido lo suficientemente diezmados, los encerramos en tierras pequeñas y pobres (en Arauco, dunas de arena) para procurar que ellos y sus familias mueran en la miseria”.

¿Hasta cuando? ¿Hasta que nos ocurra algo similar?

¿Hasta que decidamos librarnos de las ataduras e imposiciones de nuestra conciencia de grupo y nos percatemos de que las convicciones y actitudes colectivas hacia los Mapuches son objetivamente inaceptables en un país que se proclama cristiano?

¿Hasta que superemos el temor a las sanciones con las que seremos amenazados por no adherir a las políticas públicas en curso y las denunciemos y nos opongamos a riesgo de nuestra propia libertad?

Sólo superando la ceguera y los dictados de la conciencia de nuestro grupo podremos quedar expuestos a la realidad tal como se presenta; y sólo entonces, más allá de la conciencia podremos alcanzar la comprensión que nos libere y libere al pueblo Mapuche del terrorismo policial al que los sometemos, y en virtud del cual todos perdemos la paz y la tranquilidad de nuestras conciencias.

Recién gracias a estas comprensiones reconoceremos en nuestras propias actitudes, y también en las de miembros del pueblo Mapuche, lo que es imprudente y ciego o asesino.

A través de la comprensión lograda de esta manera crecemos más allá de los límites de nuestra conciencia, sobre todo más allá de los límites que le fija a nuestra percepción. Y esto sin que sea necesario que nos retiremos de los grupos a los cuales pertenecemos. Porque estas comprensiones le sirven también a nuestros grupos y a su evolución. Ayudan a nuestros grupos a abrirse a otros grupos y a otras comprensiones y posibilidades ante las cuales hasta ahora se cerraban bajo el dominio de la conciencia personal.

Así podemos estar en sintonía con un todo mayor al de nuestro grupo de pertenencia y estar en conexión con todo tal cual es sin tomar partido a favor o en contra de otros, porque eso carece de sentido.

La sintonía con el todo se reconoce porque está centrada y dirigida a todo tal cual es. Y permanece en el amor a todos y a todo tal cual es. Se trata de un sentimiento espiritual que va de la mano de la comprensión, y está alerta y es amplio.

En contraposición a la conciencia instintiva que nos trae la sensación de culpa o inocencia por la concordancia o no con lo que es seguro para mantener la pertenencia a nuestro grupo significativo, no tiene temor ni tiene fervor.

Actuar desde la conciencia espiritual une donde la otra conciencia separa. Está al servicio de la paz y el respeto de las tradiciones, la cultura, y la identidad de cada pueblo y de todos.

TELETATAN para las madres trabajadoras con niños pobres

Propongo que le solicitemos a la Iglesia Católica que vaya donde Piñera y le pida que junto con José Yuraszeck, Julio Ponce Lerou, Alvarito Saieh, Jorge Selume, Roberto de Andraca, Carlos Cáceres, Sergio de Castro, Juan Hurtado, Bruno Philippi, Ernesto Silva, Guillermo Arthur, Carlos Alberto Délano, Hernán Felipe Errázuriz, Miguel Angel Poduje, Hernán Büchi, Joaquín Lavín, Carlos Eugenio Lavín, Agustín Edwards, y uno más, organicen una TELETATAN, animada por Rodrigo Hinzpeter.

Allí los empreSAurios podrán donar, para crear un Fondo Solidario para Apoyar a las madres pobres que trabajan y la educación PRE-ESCOLAR Y ESCOLAR DE NIÑOS POBRES, el equivalente al valor de las acciones de las empresas que eran públicas y quedaron en manos de sus ex-Gerentes y otros conspicuos gracias a la generosidad de Daniel López (la chapa en el Riggs de Pin8).

También para que ‘donen’ todos los dineros mal habidos por aprovechar para enriquecerse los cargos en que estaban para tutelar el bien común.

Estoy seguro de que La TELETATAN tendrá la bendición de Monseñor Francisco Javier Errázuriz Ossa y de los demás dignatarios eclesiásticos.

Capaz que hasta José Ratzinger venga a dejar su donación si la hacen COMO DIOS MANDA.

¿No irán a dejar escapar la oportunidad de lograr la bendición, compensando ahora con una TELETATAN?

Así también le damos la oportunidad a Rodrigo Hinzpeter para que use su energia para que cumpla lo que el dijo citando a un intelectual Inglés:

“La sociedad no es un set de grupos con intereses a ser satisfechos, y necesidades a ser llenadas… La sociedad es una gran red intangible de confianza y reciprocidad. En la sociedad la gente se relaciona entre ella en forma horizontal: se identifican unos a otros como miembros iguales del mismo todo; y hacen cosas unos por otros, a través del reconocimiento mutuo, el respeto mutuo y la buena voluntad” (Jessy Norman).

El Fondo Solidario puede actuar contra proyectos para compensar todo lo que el Estado le ha fallado a los más pobres desde hace mucho.

¿Porqué no habíamos de hacer ahora lo que predico Jesús hace 2000 años…? De manera moderna y aprovechando las redes sociales a través de Internet y más mucho más… Ahora podemos sincerarnos y responder a eso de que “los pobres no pueden esperar”.

Y no hay para que cargarle la responsabilidad a los empresarios, solo a los empreSAurios que son de otra especie, una excesivamente apegada a la TETA.

Es para aliviarlos a ellos y a todos los que se han aprovechado de su poder para abusar de los demás y de la fe pública. Mejor que un indulto o un blanqueo de capitales mal habidos.

Muy bueno para el Alma y para los descendientes de los que así recuperan su dignidad. Las donaciones no tienen para que ser públicas… ¿ahora si quieren?

También podrían incluir a unos pocos de la Concertación en el comité organizador. Así nadie queda excluido de cumplir con las dos leyes fundamentales del amor: todos tienen derecho a la pertenencia con dignidad, y todos tienen que cumplir con la ley de la reciprocidad: debe haber equilibrio entre el tomar y el dar.

A los que han tomado tanto les corresponde dar en la misma proporción.

Ven que fácil, al alcance de la mano de tantos que se golpean el pecho mirando al Altísimo…

PRO TELETATAN

Con todo cariño,

Humberto del Pozo López

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